• Domingo, 23 de abril de 2017
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Banda en fuga

Por años el Instituto Nacional del Cine ha sido una hedionda cueva de negociados y discriminación, que por una década no ha financiado expresiones artísticas que contuvieran críticas al gobierno K y que sobre todos los actos de corrupción en el Instituto durante la década sakeada, reinó el más absoluto silencio de nuestros valerosos héroes del video; silencio comprado con subsidios altísimos a películas absurdas que nadie iba a ver.

Por Fernando Iglesias - Periodista. Especial para  Los Andes

 

El jueves por la tarde, el secretario de Patrimonio del Ministerio de Cultura de la Nación, Marcelo Panozzo, anunció que desde la próxima semana el ingreso a los museos nacionales será gratuito. No había pasado una hora que C5N atronaba desde Twitter: “Niños y jubilados no podrán entrar más gratis a los museos nacionales”, aclarando que la brutal medida de los malvados CEOs llevaba la firma de Macri y Avelluto. Se trató de otro problema de lectocomprensión nac&pop que esta vez no fue solo de la C5N de Cristóbal López. Varios referentes K salieron a despotricar contra el nuevo abuso del gobierno de los ricos, que luego de haber intervenido el INCAA daba otro paso contra la cultura de los argentinos. Las réplicas no se hicieron esperar. En mi opinión, las mejores fueron las del twitero @Mr_Bugman anunciando que Macri había abolido el uso de sortija en las calesitas, limitado a uno los domingos de la semana y reducido a tres el número de anillos de chocolate en los paquetes de galletitas Variedades… 

Pero acaso el extremo incomparable del grado de descomposición en que han caído quienes tuvieron la habilidad de saquear el país por doce años ha sido el video de un grupo de sus más notorios justificadores, esos artistas nac&pop que por doce años se llenaron los bolsillos con cachets estatales siderales fuera de los valores de mercado mientras sus colegas se quedaban sin trabajo, si no eran K, o eran perseguidos si osaban criticar a la exitosa abogada. Hablo del engendro pergeñado por la Asociación de Directores de Cine ( https://www.youtube.com/watch?v=KwSRzmiu41c ) y realizado con texto de Luis Puenzo, en el que Natalia Oreiro, Dolores Fonzi, Graciela Borges, Griselda Siciliani, Horacio Fontova, Julieta Cardinali, Leo Sbaraglia, Pablo Rago, Gustavo Santaolalla y Valentina Bassi, entre otros, demostraron hasta qué punto el Relato sigue alejándose de la realidad. 

Recordemos la situación. El presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), Alejandro Cacetta, fue removido de sus funciones por el Ministro de Cultura, Pablo Avelluto, por “manejos pocos claros”, “adquisiciones irregulares” y “falta de transparencia” en la administración del Instituto. Tanto Avelluto, como Peña, como Macri, se cansaron de aclarar que no estaba en juego la existencia del INCAA, ni se planeaba una reducción del presupuesto, ni discontinuar el funcionamiento de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, ni de ninguno de sus organismos. No importó. Una reacción furiosa de repudio salió a prender fuego el ambiente cultural en función de una medida que, buena o mala, estaba completamente dentro de las atribuciones del ministro y no parece formar parte de ningún programa de destrucción de la cultura, salvo nuevo aviso. 

Curiosamente, tomaron parte de ella muchos de los que habían criticado la designación de Cacetta por ser un hombre de Patagonik (es decir: del grupo Clarín), quienes ahora lo elevan a defensor de la identidad nacional frente a la avanzada corporativa. Acusación curiosa, desde que todas las corporaciones del sector firmaron una solicitada criticando también la salida de Cacetta y alzándose en defensa de la cultura nacional, la Ley del Cine y el Fondo de Fomento Cinematográfico del que dependen todos ellos, actores anticorporativos y corporaciones; lo que probablemente explica tan repentino romance. 

Ahora bien, que una ley otorgue casi tres mil millones de pesos anuales al INCAA para promover una actividad, la cinematográfica, que tiene medios propios de financiación muy superiores a otras actividades artísticas (como la danza, la pintura o la fotografía) es respetable y hasta condivisible. Lo que no impide reconocer que por años el INCAA ha sido una hedionda cueva de negociados y discriminación, que por una década no ha financiado expresiones artísticas que contuvieran críticas al Gobierno K (escribí sobre este tema en este mismo diario- ver  http://www.losandes.com.ar/article/el-relato-oficial ) y que sobre todos los actos de corrupción cometidos en el INCAA durante la década saKeada -de los cuales las gestiones de Coscia y Mazure han sido emblema- reinó el más absoluto silencio de nuestros valerosos héroes del video; silencio comprado con subsidios altísimos a películas absurdas que nadie iba a ver, financiación a fondo perdido a proyectos demenciales que -como las rutas de Lázaro Báez- jamás se terminaron, y la constitución de otra mafia K que todo se lo llevó al grito de Tenemos Patria. 

Por la espantosa calidad y su goebbbeliana inspiración (Miente. Miente, que algo queda), el video de los actores da material para un artículo por sí solo. Pero entre las muchas falsedades que allí se sostienen, las que buena parte de la opinión pública argentina aún cree merecen una rápida desmentida. 

1º) No es cierto que el cine argentino se autofinancie. El Fondo de Fomento Cinematográfico recibe 10% sobre el valor de las entradas a las salas de cine tanto en el caso de la exhibición de películas nacionales como extranjeras, y con el 25% de lo recaudado por el Ente Nacional de Comunicaciones por tasas a la TV, el cable y la radio; cuya recaudación es superior a la de las entradas. De manera que el mayor aporte al Fondo de Fomento Cinematográfico argentino no proviene del cine sino de la TV, el cable y la radio; y -dentro del cine- no de quienes van a ver cine nacional sino filmes de Hollywood. Puede ser justo y elogiable que suceda, pero no cambia los hechos: el cine argentino no se autofinancia. 

2º) Tampoco es cierto que el cine argentino no se financie con impuestos, ni que -como dicen los actores- “no le quita recursos ni a los jubilados, ni a los maestros, ni a los hospitales”. Tanto el 10% sobre las entradas como el 25% que pesa sobre la TV, la radio y el cable son impuestos y el Estado puede darles el fin que le parezca -jubilados, maestros y hospitales incluidos. Para eso debería modificar la ley correspondiente; lo que no parece estar en el proyecto de las autoridades, según sus repetidas declaraciones (aún más, Cambiemos tampoco podría imponer la nueva ley necesaria sin pasar por un Congreso en el que no dispone de mayoría en ninguna cámara). 

3º) Aún menos cierto es que el INCAA haya sido intervenido. El presidente de la Nación, a través de su ministro de Cultura, tiene plenas potestades para pedirle la renuncia a quien él mismo ha designado, y para poner a otro en su lugar; como en su momento hizo Cristina Kirchner con los memorables Coscia y Mazure, cuyas gestiones han tenido la capacidad de atascar con denuncias los tribunales nacionales. 

Disculparán ustedes que use metáforas del rock para describir al kirchnerismo, pero los K son hoy, como sostuvo Paul McCartney, una banda en fuga. “Sí alguna vez salgo de aquí / pienso darlo todo / a una organización de caridad. / Si alguna vez salgo de aquí…”. Y luego: “Banda en fuga / Banda en fuga / Se pusieron a buscar a todos / a la banda en fuga… / La campana está sonando en la plaza del pueblo… / nos buscan por todas partes / pero nunca nos encontrarán / Y el juez del condado / que nos odiaba / buscará por siempre / a la banda en fuga”. Cualquier parecido con el pedido de Cristina a Bonadío para dejar el país es producto de la más pura casualidad.

No importan los hechos sino los prejuicios. No vale lo sucedido sino los juicios a las intenciones. No cuenta la derrota ni el repudio cada vez más generalizado. La banda K sigue sonando. Ayer decían “Si gana Cambiemos se acaban la Asignación Universal por Hijo y los medicamentos gratis para el SIDA y el cáncer”. Hoy cantan “La destitución del presidente del INCAA es una cortina de humo que esconde una operación. No a la destrucción de la ley del cine. No al vaciamiento del fondo de fomento cinematográfico.  No a la supresión del canon. No a la destrucción del cine argentino”, pero lo que se escucha es “Banda en fuga / Banda en fuga / Se pusieron a buscar a todos / a la banda en fuga…”.