• Jueves, 27 de abril de 2017
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Baja de ingresos: ¿cómo impacta en el seno familiar?

Cuando el trabajo escasea, o algún miembro de la familia o pareja se queda sin ingresos estables, la crisis plantea una nueva reorganización del hogar. ¿Cómo abordarla con éxito, sin desequilibrarnos? Un desafío para repensar.

Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

La inestabilidad de los tiempos actuales nos posiciona ante nuevos desafíos cuando algo cambia en la economía del hogar y los ingresos flaquean.

Entonces, quizá, de tener dos o tres sueldos, una familia pasa a contar sólo con uno de manera estable. Nadie está exento de que pueda sucederle (incluso panoramas más complejos). Lo que podemos cambiar es la manera en cómo pararnos frente a esa nueva situación, nada sencilla.

En este sentido, la médica psiquiatra y docente universitaria Gabriela Prats sostiene: “Lo más importante antes que nada es que la familia, y cada uno de sus integrantes, conozcan las limitaciones o problemas económicos nuevos que existen. Se trata de que nadie intente ocultar a otro una situación de dificultad económica de algo que tiene que ser compartido entre todos”.

Una apuesta que implica una actitud de sostén llevada a cabo por todos, como una manera de potenciar, por medio de la comunicación honesta, los lazos, y así poder reorganizar el mapa familiar o de pareja.

Un ejemplo lo ofrece el testimonio de Laura, una diseñadora de interiores de 47 años, cuyo marido se quedó sin uno de sus trabajos en la administración pública. Con cuatro hijos en edad escolar, la situación no fue sencilla.

“Al principio mi esposo no quería decirles nada ni siquiera a los más grandes, que tienen 17 y 15 pero, luego de deliberarlo, coincidimos en que ‘el secreto’ lo único que hace es complicar las cosas. Se los contamos a todos, aunque a los más pequeños, (gemelos de 6) de una manera que pudieran entenderlo para su edad. Pero desde allí reorganizamos deudas y gastos y fue un alivio”.

La fundamentación de la nueva situación será diferente para los hijos más adultos, que para los más pequeños. “En este sentido, no es lo mismo un niño de 5 a otro de 16 a la hora de comentarles la nueva situación económica, pero definitivamente en ambos casos lo importante es poder tener un diálogo honesto, para llevar a cabo el nuevo plan en conjunto”.

- ¿Cómo se hace con los chicos adolescentes que suelen enojarse ante lo nuevo, por la etapa en que transitan?

- En ese caso, algunos les plantean a los papás frases como: ‘¿Qué querés, que trabaje y deje los estudios’? La respuesta de los papás ante eso (si no trabajan) y es posible podría ser: ‘No, no quiero eso ahora, pero sí que te organices con las cosas que tenías de años anteriores, para que no me pidas extras de dinero (nuevas actividades o compras innecesarias). Con el esfuerzo de cada uno, se participa y trabaja por el bien común. Si no, no se puede. Por supuesto, todo dependerá del grado de dificultad económica de la familia en cuestión.

Una cosa es una familia media tipo, que a su manera debe hacer algunos ajustes, pero que tiene las necesidades básicas cubiertas. Otro caso diferente es una familia que, ante la falta de ingresos, comience a tener necesidades básicas descubiertas.

- Si uno de los integrantes de la familia se queda sin trabajo o sin una entrada importante: ¿cómo vivir el reacomodamiento?

- En realidad lo más importante es que todos los integrantes del hogar conozcan la limitación, y que cada uno colabore desde su lugar. Por ejemplo, en este tipo de situaciones recortar los gastos más superfluos como las salidas constantes a nivel recreativo, ayuda; y mucho.

De hecho, la recreación es lo primero que suele recortarse. Entonces, en lugar de salir seguido a comer afuera, la familia opta por remplazar esa salida por otra alternativa, sin dejar de vivir juntos un momento. ¿Un ejemplo? Hacer algo sencillo en casa, no pedir al delivery, bajar una película que disfruten todos.

De alguna manera esta situación de comunicación y aporte tiene que ver con que cada integrante “trabaje” para lo mismo: el bien de todos.

No podemos dejar que estas situaciones modifiquen el vínculo, sino potenciarlo ideando alternativas.

 

"Lo más importante es que todos los integrantes del hogar conozcan la limitación y que cada uno colabore”.

 

- La transparencia ante todo...

 - Absolutamente. Es bueno transparentar la nueva situación económica del núcleo familiar. De lo contrario, si uno de los integrantes cree que todo está más que bien, ahí es donde la convivencia y el vínculo comienzan a hacerse más desarmónicos.

Un ejemplo puntual es el caso de Claudio, un agente independiente de seguros de 36 años, que tuvo que cerrar su drugstore luego de dos años de buena cosecha. “Tenía una muy buena entrada de dinero, pero estos últimos meses comenzó a darme pérdida. Tengo dos chicos preadolescentes, mi mujer es maestra jardinera y cuando nos pasó esto, tuvimos que reorganizarnos. Al principio se los ocultamos a los chicos, pero con la demanda creciente de cosas que nos pedían, decidimos que estábamos generándonos un estrés extra al mentir. De hecho al hablarlo, se mostraron colaboradores y predispuestos a ayudar entre todos para reorganizar gastos y prioridades. Desde mi experiencia nos hizo más fuertes a nivel vínculo”.

Los pequeños gastos pueden cuidarse de manera consciente, dejando de lado aquellos superfluos, haciendo hincapié en aquellos que realmente se necesitan.

Según explica Prats, “la familia debería funcionar como un equipo, con la mentalidad de que todos trabajen en pos de algo común. Desde mi opinión todo tiene que ver con la comunicación, teniendo en claro que la familia es un sistema y no deja de ser una institución en la que mientras mejor estén planteadas las reglas de comunicación adentro, y todos conozcan la realidad, es que van a poder plantearse nuevos objetivos.

Para un adolescente no poder comer todos los días en el barcito del colegio, por ejemplo, y llevar en su lugar algo desde casa, es tan digno como importante, ya que le permite un nivel de aceptación y crecimiento que le genera vislumbrar (a diferencia de otras realidades) lo más importante: que no le falta alimento, y que además suma a la situación familiar.

Cada situación tiene su grado de complejidad y será en torno a la misma cómo deberá replantearse la nueva economía familiar”.

- ¿Es bueno que participen en la decisiones cuando son más grandes?

- La familia debe siempre mantenerse unida. En la medida en que los hijos sean mayores, es bueno que participen de las decisiones, incluso a la hora de vender cosas, limitar el pago de una educación privada, para rever el tema de una pública, o cuál es el aporte que pueden hacer desde su lugar. Ya sea recibirse en tiempo y forma: literalmente (más si la educación es paga), limitar salidas costosas, o hasta dejarlos buscar un trabajo de medio tiempo, que no descuide sus estudios... Todo es charlable e insisto: dependerá de la situación puntual de esa familia. 

- ¿Y en la pareja?

- Cuando la merma de dinero aparece en la pareja, la misma funcionará más o menos fácil en relación al vínculo de la dupla. Si la relación de pareja es sólida y está fortalecida, no va a costarle a uno u otro tirar del carro durante un tiempo. En realidad todo dependerá de la solidez preexistente del vínculo.