Vecinos Lunes, 14 de septiembre de 2015 | Edición impresa

Antonio Tomba: grandes historias en sólo 4 cuadras

En ese corto trayecto se ubican una biblioteca, el edificio de la ex Sociedad Cristóforo Colombo y el templo San Juan Marón. El malogrado boxeador Lavorante vivió allí.

Por Miguel Títiro - mtitiro@losandes.com.ar

La calle Antonio Tomba, en el corazón de la ciudad de Godoy Cruz, encierra mucha historia y personajes barriales que ya no están.

Se trata del tramo que media entre Rivadavia (o plaza departamental y José Néstor Lencinas, con dirección de marcha de sur a norte.

La atraviesan las arterias Monteagudo, Carola Lorenzini y Dorrego. Son aproximadamente 380 metros, donde la vida ciudadana actual se matiza con personajes barriales de antaño, edificios con tradición y los residentes actuales.

La arteria arranca en la farmacia Godoy Cruz, el comercio más antiguo, que pertenece a la familia Bermejillo.

El establecimiento fue fundado en 1908 por Amelio Pazzolo, bajo el nombre de San Martín. La denominación actual data de 1936-'37. En su interior el cliente tiene a la vista frascos esmerilados, color caramelo, recurso de antaño para la mejor conservación de las drogas.

El techo es de chapa francesa y en uno de los ambientes interiores, los dueños montaron un pequeño museo con elementos de laboratorio que utilizaban los boticarios del pasado. La familia Bermejillo es la actual propietaria del comercio.

Al lado hay 3 hitos de la vía de comunicación: la parada de colectivo lectora, donde la biblioteca y mediateca Manuel Belgrano puso en práctica la original idea de depositar libros en pequeños estantes, que los usuarios del transporte de pasajeros pueden llevarse para leer.

Se dejan entre 15 y 20 libros diarios, según la directora de la Belgrano, Marta Babillón. La casa que da a la parada es el hogar de la escritora, poeta y docente Mercedes Gobbi (67) y de su esposo, ingeniero Carlos Alberto Benacot, recientemente fallecido. El hijo de ambos, Leo Benacot, pintó en la pared exterior un expresivo mural, homenaje a Julio Cortázar.

El comentario de Mercedes sobre su residencia en ese sitio fue el siguiente: "Vivir en la calle Tomba es recuperar el viejo tranvía que llevaba lejísimo en la niñez, hasta Las Heras, y La Rosarina, pastas frescas en la esquina, las lluvias aluvionales que transformaban en minicataratas los escalones de la plaza y un río ancho de vereda...es recuperar parte de la vida que se fue".

La historiadora Fabiana Mastrángelo contó que ese sector fue sede de la iglesia San Vicente Ferrer, pero en el siglo XIX. El templo actual, frente a la plaza, es de 1906.

Un pilar
La arteria tiene en su primera cuadra una fortaleza en cultura, la biblioteca municipal Manuel Belgrano, con 30.000 libros y un sinnúmero de prestaciones. La construcción, de 5 niveles o plantas, es moderna, aireada, muy luminosa y contiene un auditorio.

En los aledaños de la casa de los libros, en el primer tercio del siglo pasado funcionó el "Palacio de la caridad" y la "olla de los pobres", donde Olaya Pescara de Tomba, la esposa del emprendedor vitivinicultor, tendía una mano a personas de humilde condición.

Hablando de los Tomba, no se puede excluir que la familia tenía un tren, que atravesaba la calle. Llevaba la producción de vino a Buenos Aires y disponía de un vagón de lujo donde se trasladaba el clan cuando iba al gran puerto.

Aproximadamente, donde está la biblioteca funcionó, hace muchos años, un vacunatorio y asistencia pública. También por allí estaba el almacén La Rosarina.

Es probable que el rubro de la salud haya tenido otros representantes en este lugar, pero varias personas evocaron al homeópata Gutiérrez Castro y el dentista Francisco de la Rosa, el padre del 2 veces intendente departamental y ex embajador en Chile, Carlos de la Rosa. Al papá lo recuerda una calle transversal a Tomba, paralela al zanjón Maure.

En materia de transportes, actualmente la arteria es cruzada por diversos grupos de colectivos que van al centro. Por el mismo lugar, antiguamente pasaba una línea de tranvía. 

 

 

La "cultural"                  
Al abogado y músico Marcelo López (54) le alcanzaron 5 años de residencia en la Tomba, entre 1965 y 1970, para atesorar historias sencillas, algunas narradas por su madre, Edith Grienti (80).

Una, curiosa, señala que alrededor del 320 o 330 de la arteria, vivió hace mucho tiempo la familia Hualpa. Cuatro de sus integrantes eran músicos: Heriberto, Alfredo, Antonio Berardo y Horacio. Se dice que en la casa de los Hualpa el piano sonaba todo el día.

Algunos ex vecinos, como la educadora fallecida Lola Barcia de Rizzi, sabía, cuando pasaba por el frente, quién de los cuatro hermanos estaba tocando por la intensidad y los matices de la interpretación.

En el número 340 residió antiguamente Inés Lancheau, la abuela paterna de Marcelo (y de sus hermanos Rolando, editor de Policiales de Los Andes, y Armando). Allí también se interpretaba el piano, un Höenhes, que a lo mejor contribuyó a despertar la vocación musical de Marcelo.

Enfrente de la casa de los López habitaba el pintor Alberto Thormann (56), con quien el cantante ofreció recientemente un espectáculo en el teatro Independencia, "Música en tu jardín".

La impronta cultural se completa con la residencia pasada en este rincón de Godoy Cruz de Alejandro Moyano (51), tecladista de la banda Raivan Pérez; el dibujante, pintor abstracto, grabador y gráfico, Carlos Gómez, y el periodista Alejandro Parigi, activo movilero radial. 

El norte también existe 
El comerciante en cerámica Raúl "Ruly" Boggio (58) nació en la Tomba y se siente orgulloso de la pertenencia al lugar. Pero no escatima un reproche a la actual gestión municipal. "Del zanjón Maure (o calle De la Rosa) hacia el sur, el municipio arregló las veredas, colocó farolas de iluminación, todo luce muy cuidado, pero se olvidaron de los que habitamos hacia el norte, que estamos privados de mejoras en infraestructura".

"Ruly" Boggio, además de la queja, aportó la existencia pasada de comerciantes que ya no están y de 2 deportistas. Estos últimos fueron los boxeadores Augusto Viotti (fallecido en 1966) y Alejandro Lavorante, quien residía con su familia al lado de la Sociedad Italiana Cristóforo Colombo. Tras corta carrera en Estados Unidos, murió en 1964 por las lesiones sufridas en un combate en el país del Norte. 

El empresario ceramista y su amigo, Mario Viotti, hijo del pugilista, enhebraron un listado de pintorescos comercios, ya desaparecidos: la peluquería de don Agüero, el sastre Otelo Barcaglioni, el almacén El Sirio, de los Abraham, el zapatero Felipe Lucero ("que cosía calzado"), el herrero Elpidio Nardello, y la tintorería Tri, además de la familia Miranda, que dio más de un integrante a las filas policiales.

Los 400 metros de Antonio Tomba se cierran con el templo de San Juan Marón, con el párroco Pedro Chwah, quien pronto terminará su misión en Mendoza. Él recordó que el edificio religioso cumplió 54 años de emplazamiento en ese punto.

Metros más adelante, la calle se empalma con José Néstor Lencinas y da contra los predios para entrenamiento de las divisiones inferiores del club Godoy Cruz. 

 

Un club y una entidad social en pleno abandono

La calle posee 2 edificios que fueron públicos y que hoy ya no prestan los servicios para los cuales fueron creados.

Uno de ellos es la Sociedad Cristóforo Colombo (ubicado en Tomba 246). Fue construido a principios del siglo pasado como la sede de una mutual que ofrecía asistencia a los inmigrantes italianos.

Hace 3 años el municipio anunció un ambicioso proyecto para recuperarlo y ponerlo en valor. Por falta de fondos no se pudo materializar la iniciativa. Es Patrimonio Cultural.

A metros del Cristóforo, el Club Sirio Libanés, se inició como sociedad de beneficencia y centro cultural, a finales de los años '20 del siglo XX. Desde 1984 ya no es club y lo habita la familia Piña.

 

Tomba, pionero en la vitivinicultura

Antonio Tomba nace en Valdagno, Italia. En 1875 se embarca desde Génova rumbo a Buenos Aires. Luego se instala en San Vicente (hoy Godoy Cruz).

Se casa con Olaya Pescara, perteneciente a una tradicional familia godoicruceña. Funda la bodega Tomba, parte de cuyas antiguas instalaciones aún se conservan. Dignifica la producción del vino por su calidad. Sus productos obtienen fama mundial y premios en Génova, Chicago, Turín, París y Milán. Antonio Tomba fallece el 6 de noviembre de 1899 en plena travesía en un viaje rumbo a Europa.