• Jueves, 12 de enero de 2017
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Ante el calor, los mayores deben consumir más agua

Generalmente los adultos mayores tienen en su organismo un 10 por ciento menos de agua que las personas jóvenes, pese a lo cual suelen no sentir sed. Así el funcionamiento renal se resiente y, por otra parte, es más fácil el camino a la deshidratación. En días de verano muy calurosos, como los de este mes de enero, el riesgo de un golpe de calor se potencia. Por ello los médicos y nutricionistas aconsejan el consumo diario de dos litros de agua.

Verónica De Vita - vdevita@losandes.com.ar

Como ya es sabido, especialmente luego de una publicidad de agua mineral, 70% de la composición del organismo humano es agua. Sin embargo, en los adultos mayores, esta proporción es de 60% o menos, lo cual los deja en una situación vulnerable, particularmente en esta época de calor. 

Así lo señaló la licenciada en Nutrición Cecilia LLaver quien por eso subrayó que se trata de  una población con la que hay que tener particular cuidado en verano. 

En este grupo se produce rápidamente la deshidratación que puede desencadenar cuadros de mayor gravedad. Esto porque en realidad hay un contexto de diversos factores que confabulan para facilitarlo. 

“Tienen un porcentaje menor de agua debido a que hay cambios fisiológicos importantes por los que ingieren menor cantidad de líquido,  por eso se insiste en que  tomen 2 litros por día”, explicó el gerontólogo Félix Nallim. 

“A veces tienen un trastorno a nivel neurológico central por lo que no tienen la sensación de sed, no toman agua porque dicen que no tienen la necesidad”, agregó. 

Así como tienen una alteración en el sistema regulatorio de la sed, otro tanto ocurre con el que regula la temperatura, “a veces se los ve en pleno verano con campera porque dicen que sienten frío”, dijo el médico y por eso también son susceptibles de sufrir más fácilmente el golpe de calor. 

A esto se suma la menor movilidad, por trastornos físicos o psíquicos por lo que también requieren menos líquido. 

Pero la sumatoria de factores no termina allí. El nefrólogo Carlos Socas explicó que además, por el envejecimiento fisiológico normal, pierden funcionamiento renal, les faltan glomérulos y nefronas, pero esto no por enfermedad sino que se trata de un deterioro natural.

El  envejecimiento de la función renal comienza a partir de los 30 años, desde cuando se pierde un mililitro  de función por año (es decir de capacidad de retener y procesar). La menor capacidad de concentración también favorece la deshidratación. 

“Los adultos mayores también pueden tener incontinencia por fármacos, a esta edad son muchos los pacientes que toman diuréticos por la presión arterial o por insuficiencia cardíaca”, detalló el especialista. Por eso sugirió que en verano es recomendable bajarles un poco la dosis y decirles que tomen más agua, porque ”se les baja la presión y eso favorece el golpe de calor”. 

 

 

Consecuencias riesgosas

En definitiva, las mayoría de los abuelos incorporan menos líquido, retienen menos y pierden más. 

Las consecuencias son las mismas que para cualquier deshidratado, sin embargo para ellos estas pueden poner en riesgo su salud e incluso su vida ya que como una reacción en cadena pueden descompensarse.

“En un viejo, una deshidratación es un fenómeno importante (ya que las funciones del organismo en general están deterioradas)  tanto que a veces hay que internarlos porque corre riesgo su vida y ellos ni se enteran de que están deshidratados”, relató Nallim. 

Explicó que al llegar menos agua a los riñones no pueden filtrar los desechos, se producen “procesos  a nivel fisiológico que pueden impactar a nivel cardíaco y que conlleva trastornos metabólicos lo cual puede llevarlos a una internación”. 

Una vez en el hospital están supeditados a contraer enfermedades además de a un probable desmejoramiento de su estado de salud. 

Socas enumeró que la deshidratación puede provocarles disminución de la presión arterial, mareos, caídas, desmayos, sensación de malestar, sofoco, debilitamiento y hasta fiebre. 

En este contexto, el mayor riesgo es que una caída que puede ocasionarles golpes y fracturas de difícil evolución. 

Por eso, los médicos señalan que hay que hacer hincapié en que beban agua aunque no tengan sed, que tengan a disposición una botella o un recipiente de donde sacarla cerca.

Incluso sugieren que haya terceros que se ocupen de estar atentos a esta situación y manifiestan que la  deshidratación puede producirse en un solo día si hay exposición al sol o al calor, como andar en vehículo o una salida al aire libre.

El nefrólogo destacó que la sensación de calor, dificultades para respirar, mareos al incorporarse, falta de apetito o letargo son señales de alarma. En tanto, la nutricionista resaltó la importancia de incorporar frutas y verduras a la dieta, ya que se trata de alimentos con alto contenido de agua.

Sugirió “evitar la exposición al sol en horarios no recomendados porque también se pierden líquidos por la piel, no solo por la orina (...) los adultos mayores orinan más y pierden potasio, esto se puede recuperar con cítricos y algunas verduras como la papa, la yerba mate, la banana y así se evitan los calambres”.