• Sábado, 31 de enero de 2015
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Acuarela: transparencia y magia

Esta semana, en nuestra sección “Elige tu propia obra”, te presentamos al artista Vladimir Merchensky, que define a la acuarela como su especialidad. Además nos comenta sobre qué opinan de esta técnica los coleccionistas argentinos, su experiencia, y más.

Camila Reveco - Especial para Cultura

Desde su taller en Palermo, Buenos Aires, el acuarelista Vladimir Merchensky,  ha logrado una obra armoniosa. Sus acuarelas son vigorosas, tienen fuerza y personalidad. Estudió con Carlos Gorriarena, y aprendió el uso de contornos sombreados en gradiente observando a Xul Solar. 


La afición por el arte lo acompañó toda su vida. Autodefine su trabajo como “valorismo sintético” y apuesta por revalorizar a la acuarela, técnica que ha sabido permanecer en el tiempo y sobrellevar -según expresa- el “bastardeo por parte de los coleccionistas”. Se trata de un modo de expresión que ofrece un infinito abanico de tonalidades. 

 

-¿Qué le ofrece la acuarela que no le ofrecen otros materiales?


-El poder expresivo mayor de la acuarela, al menos en el uso que yo le doy, reside en dos aspectos que le son propios: la transparencia y la sencillez con que puede esconderse la pincelada -el gesto-.

El agua es la que termina de mezclar el color, en lugar de la mano, y así se consiguen transiciones y pasajes de color de mucha riqueza. Otro fuerte de la acuarela, derivado de la transparencia, es el trabajo por capas.

Estas capas tienen la limitación de avanzar hacia las sombras sin poder agregarse luces o claridades, por lo que exige cierto dominio en la preservación de blancos. Elijo la acuarela por su sensualidad y delicadeza, es una cuestión emocional. Es lo más lindo que hay. 


-Por lo general el acuarelista tradicional trabaja el naturalismo pero usted representa temas que van del surrealismo al naif, ¿es así?


-Puede que use elementos del surrealismo, pero no me considero adepto a su discurso; más bien al expresionismo, informalismo, secesionismo vienés y quizá alguna reminiscencia del art nouveau.

Me interesa mucho el expresionismo porque habilita nuevos sistemas de representación en donde la deformación da permiso para una expresión psicológica mucho más sutil y poderosa que cualquier realismo, como posteriormente hizo Picasso. 


- ¿Es extraño ver a un acuarelista que use tanta tinta negra? ¿El negro es el sostén de su obra?


-La desaturación a negro fue un lugar en el que me encontré cómodo cuando quise ampliar el espectro cromático de la acuarela. El academicismo siempre criticó esta opción aduciendo que el negro de humo, o de marfil, “ensucian” el color, y defendió el uso de grises como el Payne, o el uso de sombras por complementarios.

Yo decidí indagar en las sombras a negro porque necesitaba que mi imagen, usada en el arte de tapa de un libro o disco, por ejemplo, pudiera competir con una fotografía. La publicidad usa imágenes de altísimo contraste, y no podía permitirme esa desventaja en mi producto. Podría decir que fue una necesidad funcional, de diseño. Además, me sirvió para tomar distancia de la escuela tradicional inglesa.


-No solo le interesa rescatar a la acuarela como técnica sino que además intenta darle un contenido a la obra. Quiero decir…   no se queda en la representación de un lindo paisaje, sino que incorpora elementos que dicen mucho más.


-No siempre, pero eso es un tema que discutí en mis comienzos con mi maestro Carlos Gorriarena, quien decía que la pintura es amoral, y denostaba cualquier recurso decorativo. Yo heredé un poco de su mirada, y aunque me permito texturas y ornamentos, no soy amigo de los excesos retóricos; prefiero sugerir y dejar un mensaje abierto, que subestimar al lector.


- La técnica de la acuarela se caracteriza por la inmediatez. El acuarelista siempre resuelve rápido. Usted parece diferenciarse… 


- Claro. A ese uso “inmediato” se lo denomina “acuarela allá prima”. La manera que yo enseño es totalmente distinta y no exige tanto dominio porque se trabaja por capas. Primero se aplica una mancha aleatoria de gran poder expresivo, que le da rusticidad al soporte y nos quita el conocido miedo de la página en blanco.

A esta primera capa le llamamos mugre o envejecido, y puede tener manchas leves y aguadas, de poco peso visual, o gestos de mayor protagonismo con los cuales habrá que convivir en todo el proceso. La segunda capa es el dibujo a lápiz, y el trabajo de sombreado por gradiente en cada contorno. La tercera es la mugre sectorizada en algunas superficies.

La cuarta es la de relleno donde se generan transiciones cromáticas en las superficies. La quinta es una veladura transparente de tintas de color al agua, diluidas, que dan mayor brillo y saturación. La sexta es el trabajo de los detalles en seco, donde se agregan ornamentos, gestos, texturas y grafismos transparentes.

 


- Otra característica muy típica de los acuarelistas está en el soporte elegido: trabajan en papel.


- Sí, y es uno de los únicos dogmas que no puedo cuestionar. Para obtener una obra de máximo poder expresivo y detalle, la acuarela debe necesariamente ejecutarse sobre puro papel de algodón, de fibra larga, y con un correcto apresto de superficie que optimice su absorción.

El papel hecho a mano no cumple estos requisitos. En Argentina tenemos acceso a poca variedad, pero yo recomiendo la línea Arches, o en su defecto Canson Fontenay o Fabriano Artístico. 


- La tinta es la que otorga el color fuerte, la acuarela siempre es tenue. ¿Cómo las trabaja juntas?


- Para conseguir colores brillantes yo agrego una capa de color que no es acuarela, sino tinta al agua. La diferencia es que la acuarela es pigmento con goma arábiga mientras que la tinta es anilina con goma arábiga. La tinta es menos noble, más fugaz a la luz y menos expresiva, pero más su poder de tinción es mayor. Por eso las complemento aprovechando las ventajas de cada una.


-La acuarela no permite muchos errores y tiene fama de ser una técnica poco maleable ¿le parece?


-La fama que tiene la acuarela de ser una técnica difícil es responsabilidad de los ingleses, hábiles en el marketing de lo que hacen, pero yo creo que es una mentira que los acuarelistas del resto del mundo alimentaron a conciencia.

La acuarela puede corregirse, incluso retirarse, en tanto esté húmeda y muchas situaciones que el principiante considera errores, son fácilmente aprovechables en tanto se tengan algunos conocimientos básicos de composición y percepción visual. Estoy convencido que este prejuicio es alimentado por la baja calidad de materiales que usa quien quiere iniciarse en el tema.

Si educáramos a los libreros para que dejaran de vender acuarelas, papeles y pinceles de calidad escolar -la calidad más baja-, mucha más gente disfrutaría de esta maravillosa técnica, permitiéndose nuevas posibilidades expresivas. Lo que se vende que no llega ni a la línea de estudio. A la acuarela se la bastardea. 


-Los coleccionistas, ¿qué postura adoptan frente a la acuarela?


- Los coleccionistas también bastardean a la acuarela. El típico coleccionista argentino, no valora la obra en soporte papel como si sucede en otros mercados más amplios. El mercado está concentrado en la zona norte de Buenos Aires, es muy reducido y mezquino, chico y miserable. No hay espacio para grabadores, ni para escultores, por ejemplo. Se arriesgan sólo unos pocos.  


-¿Le parece que hay una especie de sincretismo de técnicas en la pintura del siglo XX?


- Creo que la técnica mixta es sólo un permiso más entre muchos otros permisos felices de los discursos artísticos contemporáneos, y no me refiero sólo a los visuales. Aunque yo trabajo sólo con hidrosolubles por una afinidad que es ya más emocional que intelectual, admiro a hombres como Hundertwasser, que exploraron las posibilidades materiales sin límite ni prejuicio. 


- En un viaje a India en el año 2009 adquiriste pigmentos y recetas para fabricar tus propias acuarelas. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Qué te llamó la atención de ese país en lo cultural?


- A través de un encuentro casual con un pintor de feria en la ciudad de Kajuraho, aprendí a preparar colores nobles, evitando aditivos innecesarios. Los artistas de la India trabajan motivos tradicionales, con detalles de exquisita minuciosidad.

Fabrican tanto su materia como sus pinceles, y trabajan sobre un fino papel envejecido que no se parece en nada al occidental. Con sólo contemplar de cerca el Taj Mahal alcanza para comprender lo inconmensurable de su patrimonio cultural.


- ¿Qué grandes acuarelistas del siglo XX ha tenido como referencia? Xul Solar trabajó excelente con ese material...


- Xul solar es un caso extraordinario que merece más atención; debe su reconocimiento a su amistad con Borges y su erudición y capacidad inventiva. Pero él, además, construyó un lenguaje plástico maravilloso y sumamente didáctico basado en una herramienta sencilla que es el gradiente de contorno. Yo tomé este elemento como piedra fundamental de mi lenguaje.


- Revisando su web descubrí una serie de paisajes cordilleranos, que incluye araucarias y una mujer con el pelo al viento. Es una serie muy andina. Se representa a la noche, prevalecen los azules; y se destaca la simbología precolombina..., ¿son temas que lo inspiran?


- Bueno, el paisaje de la Patagonia me encanta porque viví ahí mi adolescencia. En la UBA tuve acceso al libro de César Sondereguer, “Arte precolombino”, y en la Pueyrredón conocí la obra de Chagall, Hundertwasser, Gurvich, Klimt, Tulousse-Lautrec, Schiele... Pero hay otros elementos que uso, que no son influencias tan directas; a veces tomo cosas de un texto de García Márquez, o de Tolkien; a veces pinto escuchando algo de Pink Floyd, Dancing Mood, Rachmaninoff o Piazzolla…


- Ese mundo interior tan rico del que ostentan algunos artistas, ¿no cree que fomenta el estereotipo del bohemio excéntrico y “especial”?


- Creo que no hay separación entre artista y no artista; que todos nacemos artistas, y todos sabemos cómo llegar a casa y ponernos cómodos, a escuchar nuestra música, aislarnos un poco del mundo y disfrutar la soledad.

El cliché del genio iluminado mágicamente por una musa que cae del cielo, no existe. Se trata de que uno mismo se permita ser artista, y se habilite a expresar lo que trae adentro (incluso su sombra reprimida); poco importa si es cantando en la ducha, tocando un tambor-cacerola o bailando frente al espejo.


- Su trabajo ¿se asocia a la ilustración? 


-El carácter plástico o ilustrativo de un discurso visual son polos opuestos de una dialéctica. Hay elementos plásticos que exacerban uno por sobre el otro. Por ejemplo: si uso contornos lineales para separar dos superficies, sumo carácter ilustrativo a mi discurso; si mancho con gestos aleatorios el soporte sobre el que voy a pintar con acuarela, sumo carácter plástico.

A mí, personalmente, me gusta pendular entre esos dos mundos. Entiendo que el oficio de ilustrador es visto más como el de artesano -más que como artista-, pero sin ninguna duda, el buen ilustrador es un artista plástico.


- ¿Cuáles son sus búsquedas y ambiciones profesionales?


- Nutriéndonos de nuestros propios acuarelistas, me gustaría fundar una Escuela de Acuarela Contemporánea Argentina que tome distancia de la acuarela tradicional, valiéndose de recursos como el valorismo sintético que propongo: una manera particular de trabajar los planos y los contornos. 


-¿Cuál es la historia de la pintura que seleccionó para ilustrar esta entrevista?


- “Ometéotl” es una acuarela del 2013, de 35 x 50 cm, pintada a cuatro manos junto a mis asistentes Melina Faingerch, Julieta Bernstein y Emilia Baires. Estábamos elaborando el arte de tapa de “Causos” (2014), un disco de bellísima música nordestina brasilera creada por el grupo “Rabeca Lima”, y buscamos raíces y estéticas poderosas en África Negra, Mesoamérica precolombina y Oriente.

Tuvimos que cuidar la sensación de paz y meditación en las miradas, incluso del felino. Más tarde Rabeca encargó a Francisco Beltramino que animara partes de esta obra, y hoy el grupo toca sobre su hojarasca y canta bajo sus estrellas. Al verlos volví a sentirme un niño feliz.

Perfil

Vladimir Marcos Merchensky Nació el 3 de abril de 1978. Tiene 36 años. Nació en Caracas, Venezuela. Se crió en la Patagonia Argentina y vive en Palermo, Buenos Aires.

Estudios formales: “Estudié diseño gráfico en la UBA y artes visuales en el IUNA”. 

GUSTOS
Un libro: Para la vida, elijo “El arte de amar”, de Erich Fromm. Para el oficio, “Arte y percepción visual”, de Rudolf Arnheim.
Un grupo de música/solista: Si es grupo, Rabeca Lima; si es solista, Fernando Basanta Finn.
Un disco: “Mañana nadie se acuerda”, de Lucho Guedes.
Una canción: “Sonhos”, de Caetano Veloso.
Una película: “Trainspotting” de Danny Boyle (Escocia, 1996).
Una frase: “No hay texto sin apariencia definitiva luego de repetidas lecturas; así el arte y la mujer; el gusto es invención de la costumbre”, de Jorge Luis Borges.
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