Estilo Jueves, 8 de octubre de 2015 | Edición impresa

¡Súper..., papá!

Un prometedor paradigma parece asomar su nariz en el rol masculino. Se trata de un perfil de padre cuya participación activa en la cotidianidad de sus hijos, lo posiciona a la par de la madre y de manera compartida.

Por Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

Por estos días, uno de los millones de videos que pululan por la web se hizo viral y ganó el corazón de todos lo que lo vieron. No era para menos. En él una cámara espía (colocada por la madre del hogar para ver cómo cuidaba su marido a las dos pequeñas hijas de ambos) mostraba cómo el hombre de la casa improvisaba un robótico baile frente a sus hijas, al ritmo de una canción de Kathy Perry, mientras reía y entretenía a sus pequeñas. Incluso con un par de porras rosadas en mano.

La instantánea, además de generar simpatía, se suma a un nuevo paradigma sobre el rol de padre, respecto a su participación en la crianza de los hijos. De un lugar más patriarcal y autoritario renueva la manera de relacionarse con sus hijos, a través del permiso para una sensibilidad manifiesta, una conexión cómplice desde su lado más emocional e, incluso, la realización de tareas de limpieza, cuidado y educación de los chicos. 

El horizonte muestra un perfil masculino cuya paternidad lo descubre más flexible, manteniendo la preponderancia de lo lúdico y de relevo a la madre en el cuidado del bebé en el momento de regreso al hogar. Esto se desprende de la investigación realizada por la consultora de tendencias (Trendsity). 

Según se detalla en un artículo de Entremujeres.com, una encuesta on line de una consultora especializada, “destaca que en hombres de entre 25 y 45 años, el 97% está de acuerdo en que existe un mayor involucramiento en el cuidado de los hijos que en otras épocas. El 90% afirma que los roles de género no son tan estrictos como en otras épocas y que los hombres tienen más ‘permiso’ para ser más sensibles, así como las mujeres para ser más estrictas”.

Nuevos roles y emparejamiento de las responsabilidades de la crianza para madre y padre, con todo lo que implica: desde cambio de pañales, juegos, compañía, hasta los límites, entre muchos otros aspectos, auguran un panorama prometedor.

Así lo explica la psicopedagoga Mónica Coronado: “Asistimos a un cambio de paradigma en el rol del padre. Las relaciones se han vuelto más horizontales y el fin de la familia patriarcal, que centraba la autoridad en la figura del padre. Ahora aparece una autoridad compartida con la madre. La equidad entre los sexos ha sido un factor que no sólo ha generado una relación más justa en las relaciones de pareja sino que también ha abierto los espacios a los hombres para explorar sus sentimientos de ternura y la actividad de cuidado a los chicos. Esto implica una mayor proximidad con ellos, en lugar de ser el que pone la plata y reta”.
El que abraza, alimenta, higieniza y hasta hace trenzas a sus hijas pequeñas, al igual que una mamá. Ésa es la función de un papá al que la sociedad actual lo posiciona en un lugar mejor que el anterior, en lo que a crianza concierne.

Vale preguntarse: ¿qué aspectos generaron este cambio, y la consiguiente equidad en lo que respecta a la autoridad de padre y madre?
Según explicó Coronado: “Tiene que ver con la forma en que se criaron de chicos aquellos hombres que ahora son papás, y con una idea basada en que la virilidad no está asociada a la rudeza, sino también con una parte tierna y lúdica de ese hombre. Así vemos cómo los hombres se manejan en peluquerías, o a cargo de una cocina, de manera brillante y muy diestra. Antes existían estereotipos sexistas muy fuertes que imponían sus ‘reglas’, pero eso cambió. Además los hombres están reclamando espacios de mayor compromiso e involucramiento. 

- ¿Cómo vive el chico este cambio?

- El padre en la familia siempre representó “la ley”. Ésa fue la idea clásica desde que el mundo es mundo. En contraste con esto, si el chico ve que su padre es accesible, está disponible y que le manifiesta sentimientos de ternura y comprensión, a él le va a generar a su vez que su autoestima se vea reforzada, al igual que su seguridad y confianza. Esto sucede porque ese papá va a transmitir a su hijo que el que representa la ley (es decir, él) es más que eso, y que lo educa desde los límites pero también desde el juego, el diálogo y la confianza. ¿Cuándo un hombre iba a entrar a una farmacia para comprar toallitas femeninas para su hija? Antes era impensado, hoy es parte de la lista del súper y de un pedido natural que no toca su masculinidad ni mucho menos su autoridad de padre. Hoy se comparten más cosas desde un esquema menos sexista y eso es muy positivo.

- Ese rol más activo del padre ¿puede darse también en el caso de que él haya tenido una crianza muy exigente en su infancia?

- Sí, muchas veces sucede que ese niño, ya convertido en hombre y padre, quizá vivió una infancia con padres muy exigentes y demandantes. Entonces cuando le toca a él ese rol decide comprometerse y vincularse de otra manera con sus hijos.

- ¿Le genera algún tipo de ambivalencia a la mujer este nuevo papel del hombre?

- Sí, incluso se puede ver en los juicios de divorcio en los que la mujer reclama a los hijos como si fueran sólo de ella. Entonces, cuando se aceptan estas nuevas reglas de juego de la paternidad responsable, comprometida y repartida, también tiene que entenderse que el chico puede vivir tanto con la madre, como con el padre (a no ser que exista alguna causa o motivo que afecte al menor). El principio sagrado de que los hijos son de la madre también entra entonces en crisis si no se entiende la cuestión de negociar la paternidad en caso de una separación. Las mujeres tenemos mucho que aprender en esto de “ceder” y abrir espacios. La relación de madre-hijo siempre se plantea desde una díada pero hay que entender que incorporar al papá ayuda a la estructuración del psiquismo del niño. Por ello hay que abrir el espacio al papá y ayudarle a que asuma ese rol.

Para ser mejores mamás y papás hay que triangular la relación. En estos tiempos es una bendición tener un padre de familia presente y comprometido, que puede hacer todo juntamente con su mujer salvo amamantar a su cría, por motivos, obviamente, biológicos.