Sup. Cultura Sábado, 18 de octubre de 2014 | Edición impresa

Rodolfo Alonso: “Los poetas no existen, existen los poemas”

Se reeditó completa la famosa revista “poesía buenos aires”, clave para el género y la historia de la vanguardia argentina. Sobre éste y otros temas echa luz el poeta, traductor, ensayista y ex editor argentino Rodolfo Alonso.

Por Augusto Munaro - Especial para Cultura

La trayectoria del poeta, traductor, ensayista y ex editor argentino Rodolfo Alonso, es tan amplia como notable. Figura reconocida de la poesía iberoamericana, primer traductor en América Latina de Fernando Pessoa (primero a la vez de sus heterónimos en castellano), antologías y libros suyos circulan tanto en Europa como América Latina con renovado interés. Hoy, la colección Reediciones y Antologías de la Biblioteca Nacional ha puesto al alcance de los lectores la reedición facsimilar completa de la célebre revista “poesía buenos aires”. La misma cuenta con un pormenorizado y esclarecedor prólogo suyo. Se trata de un rescate que permite repensar la situación de la poesía contemporánea.

La mítica revista que editó 30 números entre 1950 y 1960 y que se convirtió en el segundo gran movimiento de vanguardia de Argentina, posterior al martinfierrismo de la década del 20, tuvo a Rodolfo Alonso como su miembro más joven del grupo que incluía a figuras como Raúl Gustavo Aguirre, Edgar Bayley y Francisco Madariaga, poetas singulares que permitieron modificar los modos de escribir y vivir la poesía en Argentina.

-¿De qué modo cree que “poesía buenos aires” cambió los modos de escribir y de vivir la poesía en la Argentina?

-Con su ejemplo desinteresado y exigente, para nada magistral. Con su devoción insobornable por la mejor poesía. Por su digna humildad. Por la honestidad que transmitía. Por la sinceridad que compartía. Por la fraternidad que le surgía espontáneamente. Por esa contagiosa empatía donde, en aquellos años y en los años siguientes, hasta el día de hoy, se producía y se produce por su intermedio el milagro del “contacto” de la poesía con tantos jóvenes, del cuerpo o del espíritu. Por su inquebrantable libertad. Porque nunca se traicionó ni traicionó. Y sobre todo, intuyo, “porque no se la creyó”. Porque daba, y daba, y daba, a manos llenas. Y de lo mejor en lo que creía, honestamente.

-¿Cuáles eran las problemáticas cardinales que ustedes denunciaban desde su revista? 

-Raúl Gustavo Aguirre, su fundador y director, el hombre que la hizo posible, sin el cual nunca hubiera existido, que se impuso a sí mismo la meta de los 30 números en 10 años, y que le transmitió lo mismo que él era: su entrega, su honradez, su eficacia, su desinterés, su generosidad sin límites, que lo llevó (prueba suprema) a dedicarse a los otros incluso olvidándose de sí mismo, quizás lo resumió algunos años después en sus “Cinco Tesis”: La Poesía no existe. Los poetas no existen. Existen los poemas. Cada poema implica una estética. Cada poema implica una ética. 

-¿De que modo piensa que la revista haya influido su poesía?

-Para el adolescente casi niño que yo era cuando me sentí impulsado a acercarme y fui fraternalmente recibido la primera vez, que ya había leído mi Lorca y mi Neruda, y que intuitivamente había descubierto a un entonces casi olvidado Roberto Arlt y a un no demasiado conocido César Vallejo, y poco después a un Macedonio Fernández casi inédito y pura leyenda, aquella convivencia por lo general con jóvenes sólo unos cuantos años mayores, fue fundamental para mi formación humana y artística, que allí no se sabia distinguir y que yo nunca pude distinguir. En un clima de amistad alegre y para nada solemne, donde todo (o más bien casi todo) se tomaba a broma, cada uno descubría nuevos tesoros, nuevos nombres, nuevos poemas, y los compartía. No hubiera sido quien soy, de no haberlos conocido, de no haber vivido aquello.

-Según ha dicho, se trataba de una poesía que “renunciaba al sentimentalismo, a la retórica, a la grandilocuencia, al formalismo y a lo patético”.

-Fue una de las maneras posibles de intentar transmitir el espíritu con que se la vivía, el espíritu con que se vivía. Por esos días, y para muchos de nosotros hasta hoy, se mantenía latente en el aire aquella esperanza de Tristan Tzara: “hacer de la poesía una manera de vivir”. En aquellos tiempos, escribir totalmente en minúsculas y sin ningún punto de puntuación, sin respetar metro ni rima y sin aludir a nada “real”, usual, sentimental, consabido, era tan agresivamente subversivo como la decisión de no colaborar en los grandes suplementos literarios, no presentarse a concursos o no editar con sellos comerciales.

-A veces se tildaba a quienes hacían poesía buenos aires de “afrancesados y europeizantes”, ¿se lo decían, más que nada, por su fuerte vinculación con los surrealistas? 

-Es un equívoco, representativo del contexto y de la época. Y para nada general. Es verdad que la mejor poesía francesa tuvo una fuerte presencia en poesía buenos aires, y que no pocos grandes poetas surrealistas en lengua francesa fueron publicados, muchos de ellos por primera vez. Pero también se publicó a poetas en inglés, italiano, portugués, ruso, griego, alemán y otros idiomas. Desde los primeros números, por ejemplo, e inclusive desde aquel único de “Arturo”, estuvieron presentes los poetas latinoamericanos, incluidos los brasileños.

El invencionismo, como el arte concreto, era hijo de la razón, mientras que el surrealismo prefirió siempre al sueño. Pero hubo vasos comunicantes entre ellos. Para dar un claro ejemplo, que me toca muy de cerca, acaso el más original de los surrealistas argentinos, Francisco Madariaga, publicó desde un comienzo en poesía buenos aires, que en aquel nº 13-14 de 1953 lo ubica entre los suyos: los “poetas del espíritu nuevo”. Personalmente, y desde muy joven, tanto él como los otros surrealistas argentinos fueron mis amigos, aunque yo nunca acepté ser llamado “surrealista” justamente por respeto a la integridad de sus valores.

-El 3 de octubre de 1951 no fue un día más para Ud.  

-No, por supuesto. Todavía con 16 años, a mitad del secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires, invitado en respuesta a una carta espontánea, esa noche fui recibido en el Palacio do Café, su lugar de reunión en la avenida Corrientes al 700, por Raúl Gustavo Aguirre, Nicolás Espiro, Wolf Roitman y el músico Daniel Saidón. Recuerdo bien la fecha porque Aguirre me dedicó un libro esa noche. Al día siguiente cumplía 17 años. Fui recibido con absoluta naturalidad, fraternalmente, pero después de preguntarme si traía poemas conmigo, allí mismo se los juzgó sin concesiones. Las puertas estaban abiertas, pero la poesía era una cosa seria.

-También la revista hizo un trabajo monumental en la faceta de traducción. Se publicaron poemas de Tzara, Desnos, Artaud, Jacob, Eluard, Joyce, e e cummings, Ungaretti, Pasternak, Arp… Usted tiene la feliz distinción, a pedido de Aldo Pellegrini, de haber realizado la primera traducción latinoamericana de Fernando Pessoa, donde aparecían también por primera vez en castellano todos los heterónimos. ¿Qué tipo de metodología selectiva utilizaban a la hora de incorporar autores? 

-No había una estructura más o menos fija, y tampoco ningún proceso predeterminado. Básicamente se compartían con alborozo y en un clima de humor y camaradería los descubrimientos de cada uno. Lo que incluía textos propios y ajenos. La revista nunca hubiera sido realidad sin la extrema generosidad, don de gentes y eficacia de Aguirre. Quien, como bien dijo Móbili, “fue quien llevaba nuestros sueños a la imprenta”. Y no sólo eso: muchas veces, a lo largo de esos años, compartió su dirección con otros aunque, insisto, sin él nada hubiera sido posible.

-Tuvieron colaboradores nacionales muy particulares: la jovencísima Alejandra Pizarnik y Leónidas Lamborghini. Pero fueron participaciones tangenciales, ¿verdad? 

-Sí. La revista no tenía dogma ni receta alguna. Se movía con libertad en el ámbito de lo moderno. Eso provocó que, además del grupo más o menos habitual, muchos jóvenes valiosos se acercaran, incluso haciendo sus primeras armas con nosotros. Y no sólo poetas: Néstor Sánchez y Juan José Saer se declararon sus adeptos, y Ricardo Piglia resaltó que era una de las muy pocas revistas que leía de joven. Es casi increíble (y eso continúa) la asombrosa capacidad de irradiación que tenía una revista modesta, artesanal, tan independiente como íntegra, sin apoyo de ninguna clase y que tiraba apenas quinientos ejemplares.

-Hubo también –y como es de esperar en este tipo de proyectos- omisiones: Raúl González Tuñón y Nicolás Olivari, por ejemplo. ¿Intentaron contactarse con ellos? 

-Y no sólo ellos, tampoco estuvieron Jorge Luis Borges o Ricardo E. Molinari. No se trataba de omisiones por olvido, sino de preferencias. Nuestros afectos, más que nuestros intereses, se orientaban entonces en otras direcciones: sobre todo Oliverio Girondo y Juan L. Ortiz, a quienes tratamos directamente destacándolos cuando nadie los evocaba, o Macedonio Fernández (a quien me tocó hacer publicar en el último número), y también se dieron los aforismos de Baldomero Fernández Moreno o los poemas místicos de Ricardo Güiraldes.

-¿Podríamos rotular de “paradójico” el hecho que ninguno de los poetas ligados a poesía buenos aires hayan encarado la carrera de Letras? 

-No veo por qué. Dado que la revista no se proponía “triunfar”, ni hacer carrera, ni profesionalizarse, Elegimos (o fuimos elegidos por) la tierra de nadie, el lugar de combate más expuesto. Y el menos redituable. En todos los sentidos.

-¿Qué recuerdos personales conserva sobre la personalidad de Raúl Gustavo Aguirre?, ¿siente que su poesía hoy está muy relegada? 

-Raúl Gustavo Aguirre fue una figura clave en mi vida. Un hombre de una extraordinaria capacidad, que por amor a la poesía prefirió prodigarse difundiendo a otros y dejándose un poco de lado a sí mismo. Poeta, traductor, ensayista, crítico, editor, docente, y sobre todo amigo, su presencia y su palabra no desaparecerán jamás. Y serán quienes no la perciban los que se lo pierden. Mucha de su obra personal permanece aún inédita. Esperando su momento. Pero sigue viva de mano de mano, de joven en joven, de hermano en hermano. Una editorial universitaria, Eduvim, me ha confiado dirigir una cuidada colección: “La Gran Poesía”. Allí me propongo reeditar las excelentes versiones de Raúl. La primera será Emily Dickinson. Pero habrá más.

-Más de 40 poetas argentinos escribieron en poesía buenos aires. Pero Edgar Bayley era un poeta que lo marcó muy particularmente. Escribe Ud. en el prólogo de la edición facsimilar: “era un astro a la vez próximo y lejano, pero con órbita propia”. ¿Por qué esa “lejanía” a la que alude? 

-Esa cifra es fruto de una confusión. Una cosa es haber formado parte del grupo reunido alrededor de poesía buenos aires, y otra distinta haber sido publicado en ella. Como expliqué con respecto al nº 13-14, en él figuraban no sólo los poetas de la revista sino también los madí, los surrealistas, y los de otras tendencias. Cuando Aguirre publica en 1979 su gran antología “El movimiento poesía buenos aires (1950-1960)”, ya había concluido hace rato toda animosidad con los surrealistas, por ejemplo, a una de cuyas figuras principales, Aldo Pellegrini, con quien se había polemizado en ocasión de aquel número, se le dedica dicho libro. La gran generosidad de Aguirre hizo que, en esa antología que él parece dedicar al movimiento, incluye a prácticamente todos los poetas que llegaron a ser publicados en la revista. Por eso la cifra asciende a más de cuarenta cuando, en realidad, difícilmente fueran más de diez los miembros habituales del grupo. En cuanto a la personalidad de Edgar Bayley, un niño grande y un intelectual refinadísimo, un bohemio de ley y un gran poeta, un gran ensayista, un jefe de escuela que jamás se tomaba en serio, no es fácil tarea intentar describirla. Digamos que no se atenía casi a ninguna convención, y que su comportamiento era por lo general fuera, muy fuera de lo corriente. Enorme de tamaño, y enorme de bondad e inteligencia, rezongón e insobornable. Podría pasarme horas hablando de él, de Raúl, de los otros…

Un sobreviviente

-Rodolfo, Ud. ha sido el último poeta sobreviviente del grupo. Han pasado 54 años desde el último número, el 30, aparecido en la primavera de 1960. Haciendo un balance cualitativo, ¿La revista dejó alguna asignatura pendiente? 

-La noche de la presentación estaban Osmar Bondoni y Luis Iadarola. Así como Nicolás  Espiro, que vino de España, y Jorge Carrol, llegado de Guatemala. Y en Goiania, Brasil, vive una figura muy cercana, el francés Yvan Avena, amigo de los primeros. Es difícil intentar hacer el balance de un milagro. Sólo al sostenido tesón de Aguirre se debe que la revista haya cumplido su apuesta consigo mismo de llegar a 30 números en 10 años. ¿Si todavía hoy continúa sorprendiendo, contagiando, encendiendo, si aún está viva, qué asignatura podríamos reclamarle? En abril Gallimard presentó en París la “Correspondance 1952-1983”, el intercambio de cartas entre René Char y Raúl Gustavo Aguirre que, como dije en el prólogo que me encomendaron desde París, éste mantuvo en secreto durante 30 años, ratificando al hacerlo el compromiso ético de poesía buenos aires de “no devenir institución”. (Respondiendo a un pedido de mi amiga, la viuda de Char, me tocó reencontrar las cartas extraviadas del gran poeta francés, lo que posibilitó aquella edición.) En agosto la Biblioteca Nacional presentó en dos tomos su reedición facsimilar completa, de la que también me encargó su introducción. Y en los próximos días aparece en Europa “La revista argentina de vanguardia poesía buenos aires”, volumen de 300 páginas que desde hace años viene elaborando la investigadora alemana Inke Gunia, y que publicará Iberoamericana Vervuert Verlag, de Madrid-Frankfurt. Y el año que viene Edhasa publica en castellano la correspondencia Char-Aguirre, no sólo con mi prólogo sino también con un epílogo especial. Me parece bastante para aquel sueño de juventud, ¿no es cierto?

-¿Existen resabios de “poesía buenos aires” en la poesía de hoy? 

-Es posible. Quizá en los últimos tiempos menos literalmente. Pero ese no fue nunca nuestro propósito. Se trataba más bien de mantener el fuego vivo, pasándolo de mano en mano, sin otra intención. Como descubrí que había dicho el exigente y recoleto gran poeta brasileño Dante Milano, casi premonitoriamente: “La misión del poeta no es la de inventar una nueva poesía, sino la de no dejar que la poesía muera.” Hicieron lo posible. Hicimos lo posible. Fraternidad y exigencia. Así fue. Así sea.

-¿En qué trabaja actualmente?

-Para la editorial universitaria Eduvim corrijo las pruebas de “Lengua viva – Poesía reunida 1968-1993”, que aparecerá próximamente. Se trata de un volumen que reedita cuatro libros míos anteriores: “Señora Vida” (1979), “Sol o sombra” (1982), “Jazmín del país” (1988), y “Música concreta” (1994). Este último recibió en 1997 el Premio Nacional de Poesía, al mismo tiempo que Juan Gelman. Y para Alción Editora también corrijo pruebas de un volumen que reúne mis poemas más recientes, de los últimos cinco años hasta la fecha. Se titula “A flor de labios”, y es de inminente aparición.

-¿Y en cuanto a su reconocida tarea como traductor de distintos idiomas?

-Eduvim debe estar distribuyendo mi antología bilingüe “La razón ardiente”, de Guillaume Apollinaire, tercer título de la colección “La Gran Poesía” que dirijo para ellos. Y para Alción Editora reviso las pruebas de otra antología bilingüe: “La primavera hitleriana y otros poemas”, de Eugenio Montale. Mientras tanto, ya les propuse una antología de Sophia de Mello Breyner Andresen: “Un día blanco y otros poemas”. Y estoy puliendo los originales de otra antología bilingüe, esta vez de René Char. El título ya lo cita: “Vivir, límite inmenso”. En todos los casos, soy responsable de la selección, traducción y prólogo.

-¿Alguna otra novedad, por ejemplo respecto a viajes?

-La Cancillería me ha invitado a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, que se realiza a comienzos de diciembre. Participaré, para ellos, en tres de sus actividades como país invitado. Pero la emoción mayor, según acaban de informarme, es que los propios mexicanos de la FIL me han seleccionado, espontáneamente, para inaugurar este año con una sesión individual su prestigioso “Salón de la Poesía”.