Sup. Economía Domingo, 28 de febrero de 2016 | Edición impresa

Adrián Taboada: “Los shoppings tienen altos costos para afrontar”

Luego del salto a vender sus crêpes y waffles en centros comerciales, la empresa familiar "Petit Crêpe" apostó por locales chicos y la expansión vía franquicias.

Por Jaquelina Jimena - jjimena@losandes.com.ar

La conjunción de comida rápida y saludable está dando buenos resultados comerciales al empresario Adrián Taboada y su mujer, Verónica Cisterna. Así al menos su historia: en el 2012 comenzaron a vender sus creaciones de crêpes y waffles en eventos como casamientos y aniversarios, inauguraron un local en La Barraca, luego franquiciaron un local en Buenos Aires y este año ya planean, a través del sistema de masterfranquicias hacer pie en Latinoamérica.  

 -¿Ya tenían experiencia en el campo gastronómico?

-Teníamos una experiencia familiar y siempre hemos sido emprendedores. Con mi esposa comenzamos esto haciendo los crêpes y los waffles para eventos, sabíamos que es un producto que en Latinoamérica se consume mucho pero en Argentina no. Quisimos incursionar y empezamos a hacerlo para eventos puntuales. Eso fue en el año 2012. Íbamos con un carrito que habíamos diseñado.

A ella le encanta cocinar y a mi suegro también, siempre involucramos a toda la familia y empezamos a notar que el producto gustaba mucho. Así surgió la oportunidad de pegar el salto e instalar un negocio propio en La Barraca Mall. Corríamos con la suerte de no tener competencia local, pero sabíamos que no era un producto conocido por muchos.

-¿Cómo se han sustentado financieramente?

-Teníamos un dinero ahorrado porque estábamos por casarnos y decidimos destinar una parte al negocio. El otro caudal de dinero lo obtuvimos con la ayuda de mi suegro. En ese momento yo trabajaba como administrativo en la fundación ProMendoza y fue una época que las tarjetas de crédito las gastamos todas, tanto propias como de nuestra familia (risas). Realmente es muy difícil tener vida comercial cuando no se tiene la posibilidad de acceder al crédito.

-Entonces, ¿cómo siguieron financiándose?

-En La Barraca nos fue muy bien el primer año y medio y luego tuvimos una mala experiencia en el Mendoza Plaza Shopping, donde armamos el segundo local. Por suerte pudimos superar esos errores y decidimos, como estrategia general, salirnos de  los centros comerciales porque es un costo muy alto para afrontar.

-¿Cómo delinearon nuevamente la estrategia de venta?

-Hoy estamos en Chacras de Coria en el Complejo La Bonita. Logramos bajar los costos y así seguiremos durante el 2016, para que nuestra propuesta pueda lucirse más en el diseño y económicamente se pueda bajar  el precio al consumo.

-¿Hoy están franquiciando el negocio?

-Así es. Comenzamos el año pasado con un negocio en Pehuajó en Buenos Aires que ya lleva tres meses. En 2015  empezamos a vender la marca como franquicia vendiendo el know how porque no existen creperías en la Argentina. Desde el año pasado sumamos al equipo de trabajo al cheff Alejandro Ianizzotto, que realizó una modificación en las recetas con una impronta  que hoy por hoy es muy buena.

-¿Cuál es la clave para armar un equipo de trabajo?

-Yo soy muy sociable, siempre estoy buscando buenas personas. No pesan para nosotros tanto las capacidades técnicas ya que estamos convencidos de  que todo se puede aprender; para armar un buen equipo pesa más la calidad humana. 

-Quieren exportar pero, ¿por qué surgió Colombia como primer destino?

-En Fundación ProMendoza me hice amigo de Nicolás Surasi, quien es licenciado en comercio exterior y otra excelente persona. Con su empuje proyectamos el 2015 y tuvimos la suerte de contactarnos con gente de Colombia. Para marzo o abril  estaremos abriendo el primer punto del 2016.

-¿Van con un porcentaje de ventas?

-Exactamente, eso tiene un royalty que se maneja normalmente como un 5% de las ventas.

-Costa Rica y Santa Cruz de la Sierra, ¿están planeados para el 2016?

-Exactamente, vamos a estar en la feria de Costa Rica, que nuclea a diferentes países.

Perfil

Adrián Taboada (37) está casado con Verónica Cisterna -también a cargo del negocio- y tiene un hijo. En su experiencia como empresario suma haber incursionado en una heladería y un bar. “Para posicionar una marca mínimamente hay que trabajarla 5 años, capacitarse siempre e invertir”, resume el emprendedor. Su tiempo libre lo disfruta en familia y practicando deportes.